jueves, 24 de diciembre de 2009

EDWARD CULLEN







Todo amor prohibido es realmente apetecible, pero si se trata de un amor prohibido en el que lo realmente apetecible eres tú… eso ya cambia las cosas: lo hace todavía más apetecible. Edward Cullen es el típico protagonista de una historia romántica, un caballero con las damas, un físico sin parangón, y una sensualidad atrayente como un imán. Si además de todos esos ingredientes le sumamos como aderezo que es un vampiro, el riesgo sube, la adrenalina aumenta, y lo prohibido se hace más prohibido y por lo tanto más deseable.
Tal vez por eso, Edward, desde los libros de Stephenie Meyer, enamoró a tantas lectoras, que, como una servidora, querían poner un Edward en su vida es por esto que este blog se lo dedico a él, en cuerpo y alma, aunque le dedicaría muchas cosas más, claro… hasta la última gota de mi sangre.

A ninguna de nosotras nos extraña que Bella Swan pierda la cabeza y todo lo demás por Edward Cullen, nacido Edward Anthony Masen, el 20 de junio de 1801, y fallecido a los 17 años a consecuencia de la Gripe Española. Por suerte o desgracia, Carlisle Cullen, se lo encontró en su camino, accediendo a las súplicas de la madre de Edward, Elizabeth, quien le pidió que salvara la vida de su hijo, fuera como fuera, y creyendo el doctor Cullen que ella había advertido que era un vampiro. Fue así como Edward, de cuya vida humana se desconoce casi todo (salvo que su mayor sueño era ser soldado), pasó a ser el primer “hijo adoptivo” de Carlisle Cullen, aceptando los métodos alimenticios del doctor Cullen, los cuales rechazó por una temporada.
Tal vez, uno de los atractivos del personaje de Edward, sea precisamente ese capítulo oscuro de su vida vampírica, en la que se alimenta de sangre humana, principalmente de malhechores y criminales, hábito que el propio Edward describe como “complejo de Dios”, al juzgar a quienes deben morir y vivir. Pero a pesar de esa oscuridad, de esa compleja personalidad tan definida, tan incapaz de encontrar a su media naranja, Edward es lo que en términos humanos llamaríamos un osito de peluche… calificativo que no encaja con un vampiro, un depredador sediento de sangre, de la sangre de la mujer a la que ama.

Pues bien, llegando a este punto nos encontramos con una nueva forma de pasión y sensualidad: la del amante restringido de preservar la castidad de su amada, por preservar su vida. En esa nueva forma de pasión, el vampiro amante se descontrola, se muere de ganas de beberse la sangre de la persona que ama… Delirante, ¿no? Es todo un ideal de pasión y sensualidad la idea de que un hombre se muera de ganas de comerse a su novia, así, literalmente, sin dejar ni gota. A cualquier mujer le ha apasionado siempre el mito del vampiro, el beso erótico de su mordisco, más aún a aquellas inclinadas por las culturas de la oscuridad, darks, góticos, emos… y el personaje de Edward Cullen encaja perfectamente con el patrón de vampiro deseado, que a cualquiera le puede volver loca.

Stephenie Meyer le describe como un ser imposiblemente hermoso. En varias ocasiones ella menciona la perfección de sus facciones faciales - pómulos salientes, una fuerte mandíbula, nariz recta, labios redondeados - y físicas, y hasta llega a compararlo con el Dios Adonis de la mitología griega o bien alguna escultura en honor a algún dios pagano de la belleza. La piel es blanca como mármol, casi tan fría como el hielo, y brillante a la luz del sol. El pelo, despeinado, retiene la sombra excepcional cobriza que él heredó, en su vida humana, de su madre biológica. Los ojos, hipnóticos e irresistibles, toman color de acuerdo a la fuerza de su sed, adquiriendo un color oscuro como el onix cuando esta sediento, o un color tan claro y brillante como el topacio cuando no tiene sed. Su cuerpo es esbelto, fuerte y musculoso… y en la pantalla grande tiene la cara de Robert Pattinson, al que ya algunos conocíamos desde que interpretara al malogrado Cedric Diggory de Harry Potter y el Cáliz de Fuego.

Razones más que suficientes para enamorarnos de este personaje, ¿no?
Como ya casi todos sabemos, el león, se enamoró de la oveja. Que león tan morboso y masoquista… Por el amor de Bella, Edward es capaz de cualquier cosa, incluso de pasar el peor de los tormentos alejándose de ella por el bien de la misma, de entregarse en acto suicida a los Vulturis cuando la cree muerta, y tal vez lo mas difícil, controlarse de esa adicción que produce en él el apetitoso olor de su sangre. Es capaz, incluso de entender, que Jacob podrí hacerle más feliz que él, capaz, hasta de convertirla en vampiro, por tal de salvar su vida, haciendo lo que no quiere hacer… es capaz de todo, y eso a cualquier mujer le gusta, por eso, cualquiera querría tener un “Edward” a su lado, comprensivo, dulce, romántico, pasional… ¿hay algo que le falte excepto el latido del corazón, cosa que nadie echaría de menos con un vampiro como ese?


Pues bien, amigas, no se si conoceis la cancion “I need a hero”, de Bonnie Tyler… es una canción que le quedaría muy bien a este personaje, solo tendríamos que cambiar una palabra y corear con una sola voz “I need a Edward” (Yo necesito un Edward), a ver si hay suerte, y nos escucha algún Edward solitario. Nosotras ya sabemos que Edward y Bella, sedientos de sangre y de si mismos, vivieron felices y comieron (mejor dicho, bebieron) perdices, y nosotras nos tendremos que conformar con tres similitudes que todas tenemos con Bella, y de las que estamos totalmente seguras:
Una: Que sabemos que Edward es un vampiro.
Dos: Que una parte de nosotras sabe que él se muere de ganas por beberse nuestra sangre.
Y tres: Que estamos completa e irrevocablemente enamoradas de él

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